65 camas, 65 cadáveres: El mercado de niños (2/5)
Lo que parecía una masacre era en realidad una operación comercial sistemática.
Carballo avanzó por la habitación abovedada. En cada cama yacían los restos momificados de niñas vestidas con camisones blancos. En la pared, cientos de fotografías mostraban a las niñas con placas numeradas. "Esto es un catálogo", balbuceó el sargento Ferreira. Carballo descubrió un libro de cuero abierto sobre un escritorio: era un libro de ventas.
"María Santos, 12 años, 15,000 escudos. Vendida". Las listas continuaban página tras página, con comentarios comerciales como "recogida" o "pagada". Estos niños inocentes fueron tratados como ganado.
La investigación oficial de 1979 había sido brutalmente interrumpida por presiones políticas. El inspector José Ribeiro, encargado original, había dejado notas meticulosas antes de ser "promovido" a 300 km de distancia. La Iglesia y el Estado parecían haber colaborado para sellar este sótano y enterrar el escándalo para siempre.
Fátima López, una empresaria que fue interna en 1979, rompe el silencio. Ella recuerda los pasos pesados en la noche y las inyecciones de la Madre Superiora.
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